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México, el país del boxeo. Ese rincón de Norteamérica que ha dado campeones mundiales por racimos. Y no cualquier tipo de campeones. Estamos hablando de personajes como Julio César Chávez, probablemente uno de los 10 mejores boxeadores de todos los tiempos. Estamos hablando de Juan Manuel Márquez, el mismo que detuvo al mundo cuando le propinó a Manny Pacquiao uno de los nocauts más devastadores de la historia del deporte. Hablamos de Marco Antonio Barrera y Erick “el terrible” Morales quienes nos regalaron una de las mejores trilogías del mundo de los deportes de combate.
Pero todos estos hombres comparten algo en común: su estilo de combate. El estilo de combate denominado como “mexicano” basado en una presión constante, casi asfixiante, buscando el nocaut de forma activa, no tener miedo a intercambiar golpes con el rival ya que, este nunca tendrá más corazón ni resistencia; y todo esto sin descuidar la técnica impecable que tanto caracteriza a los pugilistas del país. Este estilo es puro espectáculo y valentía.
Aunque, esto no surgió de la nada, viene de aquellos primeros boxeadores como Juan Zurita -primer campeón mundial para el país-, seguido por Salvador Sánchez, pasando por Julio César Chávez, la generación de Márquez, Barrera y Morales y culminar (por ahora) con Saúl “el canelo” Álvarez. Todos estos hombres se encargaron de colocar al país como lo que lleva ya muchas décadas siendo: la más grande potencia del mundo del boxeo.
Mientras México dominaba el boxeo una nueva disciplina empezaba a tomar popularidad: Las artes marciales mixtas. Un mundo el cuál unificaba prácticamente en su totalidad los deportes de combate desde el boxeo hasta el jiu jitsu, desde el muay thai y el kickboxing hasta la lucha olímpica, todo esto comandado por una promotora llamada “UFC”. Mientras este nuevo deporte que se practicaba dentro de una jaula se expandía por todo el mundo, el estilo de pelea mexicano se mantenía en el ring. O eso parecía…
Caín Velásquez: El hombre que nos enseñó a soñar
El 28 de julio de 1982 en Salinas, California nacía un niño hijo de inmigrantes que sin saberlo sería el encargado de empezar a escribir la historia de México dentro del octágono y lo haría con letras de oro. Ese niño se llamaría Caín Ramírez Velásquez, hijo de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos y que, a pesar de no haber nacido en territorio Azteca sería quien pondría el nombre de México en la cima del mundo de las artes marciales mixtas.
El primer contacto de Caín con los deportes de combate fue en la lucha colegial, en la Universidad Estatal de Arizona. Allí fue campeón y alcanzó la distinción de 'All American', el mayor reconocimiento para un luchador universitario. Al salir de la universidad y en busca de oportunidades decidió probar suerte en el mundo de las MMA. Allí formó un estilo basado en su cardio casi infinito, presión incesante, volumen de golpeo, lucha de élite y mucho corazón. Así es, estilo mexicano y si me lo preguntas el mejor peso pesado de las MMA.
Ahora hagamos un salto en el tiempo, situémonos en el Honda Center de California el 23 de octubre del 2010, era el UFC 121. Un Caín Velásquez ya consolidado dentro de la UFC tendría la oportunidad de su vida y esa era un combate vs el entonces campeón: Brock Lesnar. El campeón durante la previa del combate había declarado que -el orgullo mexicano de Caín- no sería suficiente, vaya si estaba equivocado...
Esa noche Velásquez hizo su entrada al ritmo de “Los Mandados” de Vicente Fernández y los colores de la bandera en el pecho acompañado con la ilusión de miles de mexicanos que lo apoyaban. Esa noche fue gloriosa para el guerrero azteca que solo necesitó de un asalto para llevarse la victoria por nocaut técnico y hacerse con el campeonato de los pesos pesados de UFC. Esa noche fue la primera en la que el octágono se volvía tricolor.
Con Caín Velásquez como campeón sucedería algo histórico y esto es que, la UFC anunciaría que la UFC vendría a México con el UFC 180 que sería encabezado por el combate entre Caín Velásquez vs Fabricio Werdum. Aunque, lamentablemente Caín sufrió una lesión que lo sacó del combate. Pero el combate se reprogramó para el UFC 188 también en México. Y allí por desgracia, Caín Velásquez terminaría perdiendo su corona. Pero a pesar de su derrota todo el legado que sembró estaba a punto de ser cultivado.
Brandon, Alexa y Yair: el sueño hecho realidad
Después de la era de Caín Velásquez hubo un tiempo de incertidumbre para el deporte dentro del país. Las dudas empezaban a florecer: ¿y si en realidad todo fue un espejismo? ¿No volveremos a ver otro campeón mexicano en UFC? Dudas que pronto serían resueltas con la llegada de la que -por el momento- es la época de oro de las MMA en México o como me gusta llamarla: la era de la triple corona. Pero ¿Cómo sucedió?
La primera corona llegó en el UFC 263, evento en el cual Brandon Moreno retaría por el título del peso mosca a Deiveson Figueiredo por segunda ocasión (la primera terminó en empate), en lo que es la rivalidad más intensa de la historia de la división. Segundo round del combate, Moreno derriba a Figgy, toma su espalda, forcejean, cierra el mataleón, finalmente el campeón se rinde y la arena explota coronando al primer campeón nacido en México, que entre lágrimas dice la legendaria frase: ¡SI SE PUDO!
La segunda de esta “saga” llegaría de la mano de Yair “Pantera” Rodríguez en el UFC 284, en donde enfrentaría a Josh Emmett por el campeonato interino del peso pluma de UFC. De nuevo y de forma casi poética nos remontamos a un segundo asalto. Esta vez Yair tiene la delantera, conecta una rodilla voladora en el rostro de Emmett, ambos caen al suelo y el “Pantera” cierra un triangulo de piernas para así convertirse en campeón interino. Definitivamente esto era algo especial, pero aún faltaba un último golpe. O, mejor dicho: una última llave.
La segunda gran victoria llegaría en el UFC 285, de la mano de Alexa Grasso que enfrentaría a la aparentemente invencible Valentina Shevchenko. Nos vamos al cuarto asalto, la campeona domina el combate, lanza una patada giratoria al cuerpo que la mexicana esquiva, toma la espalda de Valentina, cierra el mataleón y se proclama campeona del peso mosca femenil. Un momento digno de película y no solo por la victoria, también por el paralelismo con la victoria de Brandon Moreno: rival invencible, misma categoría de peso, misma técnica. Demostrando que el país de los nocauts ahora habría aprendido a asfixiar.
La triple corona duró poco. Yair perdió la unificación, Brandon cedió el trono, Alexa hizo lo mismo después. Pero lo importante no era la duración. Era la prueba: México ya no solo boxea. México asfixia, estrangula, somete. Y los que vienen ya están listos para demostrarlo.
El sueño continúa; Los nuevos guerreros aztecas
¿Se perdieron los campeonatos? Sí, pero esta vez la incertidumbre no inundó el panorama porque la nueva generación está más que preparada para tomar las riendas, representar y hacer sentir orgulloso a todo un país. Aquí te presentaré a los prospectos que pondrán en alto el nombre de México y consolidarán su posición como una potencia en artes marciales mixtas.
Empezaré con Santiago “Borderboy” Luna, un chico de 21 años peleando en la categoría de peso gallo, con un récord perfecto de 8 victorias y 0 derrotas, peligroso de pie y letal en el suelo formado en la lucha grecorromana de la que fue campeón nacional en cuatro ocasiones. Un peleador total, con un futuro brillante. Además de ser muy joven, lo que le da un margen de mejora altísimo y estoy completamente seguro de que llegará a ser campeón de UFC.
Ahora hablaré de Imanol “Himan” Rodríguez de 26 años y quien apunta a ser el próximo gran representante azteca en el peso mosca. Mantiene récord invicto de 7-0 con 6 KOs y 1 sumisión, una estadística que habla por sí sola: es un artista del nocaut. Es poseedor de una técnica y potencia en la pelea de pie que es envidiable y un juego de piso bastante competente lo que lo vuelve -probablemente- el mayor exponente del estilo mexicano en esta lista. Si mejora su manejo de emociones dentro del octágono, no tengo duda de que será contendiente en su división.
Sigo con Regina “Kill Bill” Tarín de 21 años y será la próxima gran figura femenina dentro de las MMA mexicanas. Mantiene un récord perfecto de 8 victorias de las cuales 6 han sido finalizaciones lo que la convierte en una finalizadora nata. Técnica impecable en el striking (pelea de pie) y peligrosa a ras de lona sin dudas tiene un margen de mejora altísimo que quedó claro en su reciente debut dentro de UFC. En el futuro seguramente la veremos como una contendiente al título del peso gallo de UFC.
Para finalizar hablaré de “El niño problema” Raúl Rosas JR de 21 años peleando en el peso gallo y que ostenta el récord de ser el peleador más joven en firmar en UFC ya que lo hizo con tan solo 17 años. Mantiene un récord de 12-1, es un peleador de élite en el suelo, probablemente uno de los mejores en su división además de tener ya una gran experiencia para su edad y haber ingresado recientemente dentro del top 15 de su categoría. Si logra mejorar su striking se volverá un problema para cualquiera en la división.
México ha tenido un pionero. Ha tenido campeones. Ahora tiene prospectos. Pero, sobre todo, tiene algo aún más importante: infraestructura. Durante la última década han surgido promotoras cien por ciento mexicanas —LUX Fight League, Budo Sento Championship— que se han dedicado a ser plataformas que dan visibilidad y experiencia a nuestros jóvenes talentos. Y esa es la mayor prueba de que México no solo boxea.
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